«Los contextos de las palabras van almacenando la historia de todas las épocas, y sus significados impregnan nuestro pensamiento y se interiorizan. Y así las palabras consiguen perpetuarse, sumando lentamente las connotaciones de cuantas culturas las hayan utilizado» (Alex Grijelmo: La seducción de las palabras)

«Las sociedades humanas, como los linajes animales y vegetales, tienen su historia;
su pasado pesa sobre su presente y condiciona su futuro» (Pierre P. Grassé: El hombre, ese dios en miniatura)

16 dic. 2010

Del Amor y la Caza (V): Lilith o el Eterno Retorno de la Mujer Fatal



«Sin duda, en las primeras edades de la historia humana el milagro y la fuerza mágica de la mujer fue una maravilla no menor que el universo mismo, y esto dio a la mujer un poder prodigioso, y una de las preocupaciones principales de la parte masculina de la población ha sido destruirlo, controlarlo y emplearlo para sus propios fines» (Joseph Campbell: Las Máscaras de Dios: Mitología primitiva)


Lo que prometía ser, por lo transitado, un bonito cómodo y facilón paseo a lo largo de la historia de las bellezas famosas ―al estilo del catálogo contable de "conquistas" que lleva Don Juan en la ópera de Mozart, parte del cual vemos a la izquierda, según la versión de Joseph Losey― ha acabado convirtiéndose en una inesperada y trabajosa escalada a través de las circunstancias que en cada época han condicionado la belleza y el poder. Y llegados al final del borrador, quedaba meridianamente claro que no había más remedio que comenzar la serie dedicando el espacio de honor inaugural a la figura mitológica que cuenta con menos referencias históricas pero sobre la cual se ha elucubrado con más frecuencia y mayor intensidad: Lilith. Con lo cual ha resultado ser la introducción mucho más laboriosa que la entrega. Aunque, bien mirado, es lo que suele pasar normalmente…

Una vez que, a base de recular por el sinuoso sendero del poder de la belleza femenina, hemos acabado dándonos con el cogote en las mismas puertas del Paraíso Terrenal, un espacio que sólo se encuentra en la mente humana ―y en Hawái y en Cancún y en Benidorm… a condición de que no se le ocurra a uno aparecer por ninguno de esos sitios―, nos hemos visto obligados a dar un pequeño rodeo marcha aún más atrás para situarnos en los parajes prehistóricos anteriores a tal Paraíso.

Y si es cierta la afirmación de Samuel Noah Kramer de que todo este berenjenal de civilización empezó en Mesopotamia (el actual Irak), concretamente en la región de Sumer o Sumeria hace cinco o seis milenios, resulta que por entonces allí era adorada una deidad llamada Inanna, que aunque ya no era tan omnipotente como Ninhursag, la destronada Diosa-Madre originaria de todo, era hija suya, sin otra fémina celestial ni infernal en competencia.
Ella, Inanna, aún asumía por tanto el conjunto de los atributos que, luego con los egipcios, y mucho más con los griegos, serían repartidos por estas civilizaciones patriarcales al alimón entre diversas diosas mayores, menores y musicales. Divide y vencerás.

Tal división de la esencia femenina en diferentes universos paralelos ―el universo maternal, el matrimonial, el sexual, el laboral, el familiar…― causaría desde entonces una frustración, quizá desconocida en sus raíces y hasta en su misma existencia, pero no por ello menos dañina en la mujer de todos los tiempos (y por ende perjudicial para la Humanidad en su conjunto) y que hoy día no ha hecho más que aflorar de forma volcánica... Es algo que ocurre, según afirman los físicos cuánticos, con los universos paralelos cuando entran en contacto: se origina un Big Bang. No lo parece, y sin embargo todo se mueve. Estamos en ello.

«En época arcaica, dada la creencia en la ausencia de responsabilidad masculina en la procreación, el varón adulto no se responsabilizaba de los hijos de una mujer y no existía vinculación mujer-varón: las primeras familias estaban compuestas por la madre e hijos. Así, en la familia matricéntrica, en la que no se daba la vinculación masculina, la mujer era fuerte junto a sus hijos, era autosuficiente económicamente y existía la sucesión matrilineal por la certeza de saber quién era la madre de los descendientes.
En el curso de la evolución surgió un comportamiento cultural nuevo (no existente en los primates) por el que los adultos varones empezaron a vincularse a una mujer y empezaron a preocuparse por los hijos de la misma y a cuidar y proteger a su propia familia, característica cultural que se manifestó muy posteriormente.
No es raro que en el proceso de evolución, se generasen frustraciones masculinas frente al papel dominante y tiránico que la mujer ejercería en esta etapa con organización familiar de tipo matriarcal, en cuya sociedad quizás los varones correrían la misma suerte que la reservada a la mujer en etapas patriarcales, que provocarían resentimientos masculinos… Y que desembocaron con la revolución patriarcal, cuando las condiciones fueron las adecuadas para conseguir el éxito. Y con ello el castigo y el arrebatamiento del poder en manos femeninas por parte de los varones». (Francisca Martín-Cano Abreu: De la arcaica ausencia de vinculación mujer-varón, a la instauración del matrimonio).

Ni siquiera un genio como Mozart fue capaz de sustraerse a la inversión de valores que representó el patriarcalismo inherente a la Revolución Agrícola y que también ratificó la masonería (pese a ser el movimiento cultural más avanzado de su época, no obstante su carnavalesco esoterismo ―dicho sea con todo el respeto de un ignorante), y a la cual Mozart perteneció.
Así ocurre con la trama de su, por otra parte, maravillosa ópera La Flauta Mágica: La Reina de la Noche simboliza la oscuridad de la mente. Es un personaje supuestamente bondadoso que mediante sus tres damas asistentes (la triple diosa lunar que sustituyó mitológicamente a la misma Reina de la Noche, o sea, a la Diosa-Madre) salva al príncipe Tamino del ataque de una serpiente gigante. En pago, Tamino llega a un acuerdo con la Reina tendente a conseguir la mano de su hija, si es que es capaz de liberarla del secuestro en la que la tiene sometida su propio padre, Sarastro ("la Luz", a la derecha en la representación neoyorquina de 1991). Tamino, se dispondrá a salvar a la Princesa Pamina (para entendernos, la equivalente de Inanna, lo mismo que la Reina de la Noche sería Ninhursag).
Sin embargo, una vez llegado al reino de Sarastro y hallada Pamina, se percata de que la realidad es muy otra; así pues, decide permanecer allí, al lado de su prometida y lejos de la oscura Reina (... su suegra). Para quedarse y pertenecer al templo de los sabios que, naturalmente, preside Sarastro (suena como Zoroastro, y no por casualidad, pero significa Luz, y es un personaje equivalente a Marduk, o Baal, o Ninurta, o Ra), habrá de pasar una serie de pruebas con éxito. Finalmente los dos tórtolos se unirán para siempre mientras su malvada madre política será derrotada definitivamente como dios manda... Abajo, en el punto 5 terminaremos con este asunto... de momento. 


Fatal: 'fatalis', del hado, del destino, de la suerte, que lleva en sí mismo el destino, profético... inherente a las hadas...


(Presidiendo la entrega, la aparición de la Reina de la Noche sobre la Barca Celeste. Puesta en escena por Karl Friedrich Schinkel para una representación de 1815. Bajo estas líneas, Eco, de Delvaux)



1. La Mujer Fatal egipcia
Como empezábamos diciendo, en el país-región-ciudad-Estado sumerio, Inanna, aunque ya no era tan omnipotente como la Diosa-Madre Ninhursag, aún asumía el conjunto de los atributos femeninos que los hombres (o sea, las mujeres, como afirma rotundamente Martín-Cano Abreu) atribuían a la diosa antes de la rifa mitológica patriarcal.

Los egipcios, al importar el caudal civilizador mesopotámico sumerio, fueron los primeros en perfeccionar y ampliar la índole patriarcal de éste. Trocearon a tal fin la idiosincrasia femenina entre diversas divinidades animales, al tiempo que condensaban las supuestas virtudes masculinas (valga la redundancia, pues la palabra virtud significa propio del varón: 'virtus', es uno de los derivados de 'vir', varón) en su dios supremo Ra, el Sol.

Como consecuencia, cuando se encontraban en un apuro serio, pero serio de verdad, y  necesitaban refugiarse en las faldas de una madre como dios manda, los egipcios recurrían a fabricar diosas triples que reunieran aquellos atributos femeninos que previa e interesadamente habían triturado y dosificado. Un interesante ejemplo de apuro serio lo tiene alguien que necesita urgentemente una "Fórmula para que la carne y los huesos del hombre estén preservados de los gusanos y de cualquier dios que pueda atacar en el Más Allá" (derecha, el Juicio Final egipcio, Anubis desliza el fiel de la balanza que pesa el alma del difunto):



«Salve, oh Sekhmet-Bastet-Raet, señora de los dioses, diosa alada, dama del chal rojo, señora de la corona blanca y de la corona roja, la Única que está en la frente de su padre sin existir dioses más eminentes que tú, poderosa en encantamientos en la barca de millones de años, de aparición prestigiosa en el lugar del silencio… Tú eres la Devoradora sin dejar rastro alguno…» (Libro de los Muertos)

La voz cantante de esta deidad triple Sekhmet-Bastet-Raet era llevada por Sekhmet (encima, izquierda), una personalidad que aún conservaba muchos de los turbulentos reflejos de la sumeria Inanna, y que después comentaremos. Por ejemplo, era portadora de epidemias y enfermedades que esparcía caprichosamente sobre las aguas estancadas antes de la llegada de la inundación… pero ella misma era capaz de sanarlas (a todos nos suena un poder así, y sin ir tan lejos). 
Otro título suyo es el de "Diosa del amor", como provocadora de pasiones. Era la más bella entre los dioses y su semblante era resplandeciente. También era, imaginamos que como un efecto más del poder recién citado, "Soberana del desierto" y de las serpientes y los leones. Tenía además una función nutricia; hay una representación de Nyuserra, faraón de la V Dinastía (mediados del III milenio), en la que aparece siendo amamantado por la diosa, que transmite así al Faraón parte de su terrible poder.


En cuanto a la diosa Bastet, segunda parte en concordia de la divinidad triple, está relacionada con las tópicas atribuciones felinas de la mujer, pues Bastet es la diosa gato o diosa de los gatos, fiera y tenaz defensora de sus mininos. Sekhmet sería la forma encolerizada de Bastet ―o Bastet sería la forma de Sekhmet para andar por casa―, que se transforma en gata cuando se apacigua como leona. Para que te confíes:
«Sea lo que sea que haya en mí, es inofensivo cuando soy feliz». Eso le dijo ―se supone que para tranquilizarlo…!, pobriño―, a su maridito, Irena, la protagonista de La mujer pantera (Cat People, de Jacques Tourneur), un maridito recién estrenado y ya más que escamado ante sus asilvestrados y repentinos cambios de humor al menor aumento de la temperatura afectuosa. No es la Lilith de Robert Rossen, de la que luego hablaremos, pero tampoco tiene su presupuesto económico ni su ambición psicológica; y para ser una peli B, y del año 42, está pero que muy bien, y totalmente fresca, producto de una época en crudo contraste con la crisis de fantasía que hoy aqueja a Hollywood (que "sólo produce películas para niños de doce años", como ya dijo Woody Allen hace mucho tiempo).


La frasecita en cuestión (la de Irena, no la de Woody) es, para nuestro gusto, la más significativa de la cinta ―por más que los verdaderamente entendidos prefieran "nadie puede engañar a un gato", o algo parecido; por ello me alegra coincidir con las expertas miradas.net―, por cuanto representa el auténtico e indomable ser, estar y existir felino. Esa frase, o las dos frases si se quiere, vienen aderezadas con la escena del descenso (también psíquico) por la escalinata del museo marítimo (el Flecker Museum), un descenso cuyo final coincide con una considerable escultura de Bastet, precisamente, a contraluz (imagen derecha...: Bueno, veran ustedes, me van a disculpar la fantasía... porque resulta que esas tiesas orejotas no pueden pertenecer más que a Anubis (como diría Caperucita), un cánido macho, aunque el morro quede en la sombra. Pero ¿a que sería preciosamente redondo que se tratase de Bastet? Incluso hay textos que afirman que Anubis era hijo de Bastet. Y si no, a ver, ¿qué narices pinta el Anubis ahí, en un casi primer plano de pasmarote!).

Tal conjunto, y el ir y venir de la gata a la pantera (imagen izquierda, encima), demuestran que aunque su director quisiese hacer una "peli de miedo", como se decía antes, también deseaba conseguirlo actualizando a la americana una leyenda mítica milenaria (el ánima instintivo, o sea selvático, particularmente felino, inscrito en el tallo cerebral femenino), por más que, radicando la leyenda en un tal rey Juan de Serbia ―suponemos que se trata del peculiar doblaje hispano del rey Dushan― que ensarta un gato con su espada, simplificase un poco demasiado el esquema argumental (serie B al fin y al cabo), evitando enredarse así por vericuetos psicológicos e históricos que pudieran perjudicar la taquilla..., pero empobreciendo la herencia cultural que hoy recibimos a través de las ramplonas y volatineras cat-women.



Mucha atención a la iconografía de Sekhmet: Se la representaba como una leona, o como mujer vestida de rojo con cabeza de león… un atuendo, incluida la rubia melena, que sigue causando furor entre sus adeptos, el sexo opuesto al completo, y que tiene necesariamente que hundir sus raíces en el más primitivo subconsciente para justificar tal continuidad y arraigo (cartel izquierdo).
Sobre su loca cabecita leonada lleva el disco solar como representación de la tercera persona de esta trinidad: Raet (al completo Raet-taui, significa "El sol femenino de las dos tierras" y representa el principio femenino de Ra) y el ureo, o una corona rodeada de ureos (cabeza de cobra o áspid símbolo de la realeza y de la luz en la cultura egipcia… es decir, la inseparable serpiente, siempre tan próxima al icono femenino). También lleva flechas entre sus aderezos, y las llevó hasta que los griegos le quitaron la licencia de armas a favor de otras deidades.



Es evidente que a los egipcios les costó dios y ayuda eliminar la potencia femenina de su panteón patriarcal. Incluso la buena de Sekhmet, en solitario y a secas, «representaba la energía destructiva del Sol y, como tal, en ella se aunaron los poderes beneficiosos del astro diurno junto a sus cualidades negativas.
Fue diosa de la guerra con connotaciones tremendamente sanguinarias cuando se encolerizaba. Capaz de causar dolencias y epidemias, se convirtió en patrona de los médicos. Éstos, al conocer bien a su divinidad, podían poner en marcha los medios necesarios para que las curaciones fueran efectivas, obteniendo el apaciguamiento de Sekhmet y el retorno de la salud. Unida al mito solar, formó parte de la leyenda de la Diosa Lejana, representando su aspecto colérico.

La narración relata la partida de los dioses, enviados por Ra, en busca de Sekhmet que se había retirado enfurecida a Nubia. Ella mataba a todo aquel que se encontrara a su paso y era necesario apaciguarla.
Los dioses tratarán de aplacarla con cerveza música y danzas; [aturdida por el botellón y la disco], se lava en las aguas de la primera catarata del río Nilo y se convierte en una hermosa mujer…
Unida al mito, anualmente y durante la estación de la inundación, los egipcios celebraban "La Fiesta de la Embriaguez", cuyo objetivo era mantener a la diosa aplacada…» (Rosa Thode: Dioses egipcios).
(Pido perdón a la autora por la chabacana licencia entre corchetes: no me pude resistir).



Encima, el cuerpo estrellado de una de las facetas egipcias de la pobre Inanna: La diosa celeste Nut, esposa de su hermano Geb, y madre de los dioses Osiris, Isis, Seth, Neftis y Harmachis, y que además ¡diariamente! paría al Sol, el cual, viajando sobre su cuerpo, llegaba hasta su boca, desapareciendo en el interior y renaciendo al día siguiente: Y se la identificaba con una vaca…



2. La Mujer Fatal aparece en la Historia
Hasta aquí, la primera de las desviaciones-castraciones de Inanna en forma de Sekhmet. Hora es ya de encararnos con el original, con Inanna en persona; y hemos juzgado que lo más prudente es ponernos bajo el paraguas y la linterna de la principal autoridad sobre Sumeria, alguien que tuvo el privilegio y la autoridad suficiente para traducir mucho de lo que hoy sabemos, directamente a partir de los pedazos de arcilla cocida originales extraídos del polvoriento campo de batalla que siempre fue Irak.

Aparte de la evidente intención egipcia de "poner en su sitio" a Inanna en forma de Sekhmet, también parece claro que la iconografía de ésta intenta poner un poco de orden en la compleja personalidad de Inanna, tan contradictoria y paradójica en sus extremismos como podamos serlo usted y yo. Bueno, casi.
Empecemos por su cacareada protección maternal. Observemos que aquí no existen universos paralelos en conflicto: el aspecto protector de Inanna no está reñido sino complementado con su eternamente femenina seducción. Y también, que aquí se funden ambos aspectos con una innata vocación ―más bien advocación― por la cultura, la misma ad-vocación que en forma de migajas dejarían para Atenea más de dos milenios después: Cedamos el paso a Samuel N. Kramer:

«Llegamos a los 'me', las leyes normas y reglamentos divinos que según los filósofos sumerios regían el universo desde su creación ―así como al hombre y su civilización― y lo mantenían en funcionamiento… Y debemos la conservación de fragmentos representativos de este acervo antropológico antiguo al hecho de haber formado parte de la trama de un mito relacionado con Inanna, Reina del Cielo, diosa tutelar de Uruk.
Inanna quiere aumentar el bienestar y la prosperidad de su ciudad y hacer de ella el centro de la civilización sumeria, realzando de este modo su nombre y prestigio. Y decide dirigirse a Eridu, antiguo núcleo de la civilización sumeria, donde Enki, Señor de la Sabiduría, vive en el abismo de las aguas (el Abzu). Él es quien tiene a su cargo todas las leyes divinas (los 'me') esenciales para la civilización.
Cuando se aproxima [toda pizpireta] al abismal reino de Enki, éste, visiblemente cautivado por los encantos de Inanna, llama a su mensajero Isimud y le dice...:

"La joven, sola, ha dirigido sus pasos hacia el Abzu.
Haz entrar a la joven en el Abzu de Eridu,
ofrécele una galleta de cebada con mantequilla,
ofrécele cerveza en mesa sagrada,
dirige a Inanna palabras de bienvenida"

Isimud ejecuta al pie de la letra lo ordenado, e Inanna y Enki se festejan y banquetean hasta que la bebida alegra sus corazones, momento en que Enki, en plena borrachera, ofrece a Inanna, en varias tandas, las más de cien leyes divinas que integran los cimientos mismos del patrón cultural de la civilización [y esa suerte tuvo el pobre que Inanna no tuviera otros caprichos en ese momento].
A Inanna le falta tiempo para apilar tan precioso cargamento en su Barca Celeste y ponerse en marcha hacia Uruk… perseguida por Enki una vez que, recuperado del banquete, al percatarse de que los 'me' no se hallan donde debieran, Isimud le informa de lo sucedido».



Insistimos en que estamos tratando de mitos y leyendas de hace cinco mil años ―las pirámides estaban aún por construir― que contaban y no acababan de las andanzas de la mujer universal y libre, de la diosa Inanna. Y nos damos de bruces con una particularidad hoy atribuida al varón: la ambición. «El descenso de Inanna a los infiernos, mito conocido por ser el primero que incluye el motivo de la resurrección, narra la desmesurada ambición de una mujer. Y es que, aunque ella ya es, como su mismo nombre indica, la dueña y señora del cielo, del "Gran Encima", Inanna desea ardientemente acrecentar su poderío, y para ello se propone reinar asimismo en las regiones inferiores, el "Gran Debajo"…» (Samuel Noah Kramer: La historia empieza en Sumer).


Pero del Gran Debajo nunca ha salido nadie indemne en ninguna mitología (salvo en la cristiana, que trata a esa región con bastante poco respeto a pesar del miedo que siempre ha metido con ella). La mismísima Inanna es pillada infraganti y tratada cruelmente hasta el punto de ser empalada. Ha de recurrirse a diversas gestiones diplomáticas por parte de influyentes celestes y acuáticos que la echaban de menos (los griegos elaborarían a costa suya el mito de Deméter y Perséfone, y el consiguiente establecimiento de la sucesión de las estaciones).


Por fin logra salir, pero sólo con la condición de ser suplida por alguien que ocupe su lugar. El asunto no se presenta nada fácil, como es de comprender. A Inanna (que iba acompañada de los diablos encargados de devolverla al Gran Debajo en caso de no encontrar a algún incauto, digo, sustituto), que no había conseguido camelar a nadie en todo el recorrido desde su salida del infierno sumerio, ya se le acababa el plazo. Luego la comitiva llega por fin a la ciudad de Kullab, cuyo dios tutelar era Dumuzil… al cual la descompuesta Inanna escoge como chivo expiatorio arguyendo una intolerable falta de respeto.
El dios-pastor Dumuzil purga así el pecado de no prosternarse ni cubrirse de harapos ante su divina presencia, creyendo el infeliz que su matrimonio le liberaba de tales servidumbres (estos patinazos se siguen dando, claro está, en las mejores familias).
Así, había ocurrido que, ante la aparición de Inanna:

«Dumuzil vistió un noble ropaje, se sentó orgullosamente en su trono.
Los demonios lo agarraron de los muslos.
Los siete demonios se le echaron encima como a la cabecera de un hombre enfermo.

Ella, Inanna, lo amarró con su ojo, el ojo de la muerte,
pronunció su palabra contra él, la palabra de la cólera,
profirió su grito contra él, el grito de la condena:
"¡Él es, lleváoslo!"…


Los que lo arrastran
eran seres que no llenan de gozo el regazo de la mujer,
que no besan a los niños bien nutridos,
que arrebatan el hijo al hombre de encima de sus rodillas,
que se llevan a la nuera de casa de su suegro,
que arrebatan a la esposa del regazo del marido,
que arrebatan al niño del seno de la nodriza.
...
...
Y Dumuzil lloraba, y su rostro se tornó verdoso…»
(De El descenso de Inanna a los infiernos)




Cualquiera diría que Inanna aprovechaba la ocasión para librarse de un marido latoso. Sin embargo, previamente a todos estos acontecimientos inframundanos, Dumuzil no le había sido impuesto a Inanna en matrimonio, ni mucho menos:


«Recorro el pueblo con mi mirada,
elegí a Dumuzil para ser dios del reino,
Dumuzil, el amado de Enlil,
mi madre le tiene cada vez en más estima,
mi padre lo ensalza»


Había dicho Ella. La verdad es que no parece precisamente un ilusionado cántico de entusiasmo en una novia que es toda una diosa; más bien parece un monólogo de auto-convencimiento que a todos nos suena demasiado. Sin embargo, recurriendo a las muy gráficas palabras de Samuel Kramer, «luego manda llamar a Dumuzil a su casa santuario para que se siente feliz a su vera. La presencia de éste la llena de tanta pasión y deseo que allí mismo la diosa compone un canto delicado a su vulva, a la que compara con un cuerno, con la "barca del cielo", con la luna creciente, con la tierra en barbecho, con un alto campo, con una loma…:

"―En cuanto a mí, mi vulva,
a mí, mi loma protuberante,
a mí, la doncella, ¿quién la arará para mí?
Mi vulva, la tierra regada: para mí,
para mí, la Reina, ¿quién emplazará su buey ahí?
―Oh, Gran Señora, el rey la arará para ti,
el rey, Dumuzil, la arará para ti.
―¡Ara mi vulva, hombre de mi corazón!"


Así son las chicas! Porque «en realidad, Inanna había rechazado en un primer momento a Dumuzil, el pastor, a favor de su rival Enkimdu, el labrador ("Con el pastor no me casaré / no vestiré sus ásperas ropas / no aceptaré su áspera lana / yo, la doncella, me casaré con el labrador / con el labrador que hace crecer numerosas plantas / con el labrador que hace crecer abundante grano…").
Y sólo los argumentos y dotes persuasivas de su hermano, el dios-sol Utu, así como una larga y bastante agresiva protesta del propio Dumuzil ("El labrador más que yo, el labrador más que yo / ¿qué tiene el labrador más que yo? / Si él me diera su harina negra / yo le daría a él, el labrador, mi oveja negra / si él me diera su harina blanca / yo le daría a él, el labrador, mi oveja blanca / si él me escanciara su mejor cerveza / yo escanciaría para él, el labrador, mi leche amarilla…"), la llevan a mudar de parecer en un episodio mitológico que simboliza la sempiterna pugna entre agricultores y pastores por el control de la fertilidad y la fecundidad».


En fin, así son las chicas. Esta es la misma Inanna que proclama:

«En la batalla soy quien te guía
En el combate soy quien porta tus armas
En la asamblea soy tu defensora

En la campaña soy tu inspiración…
Y mi pecho sagrado es para que tú, el indicado,
brinques sobre él como un ternero de lapislázuli…»
(De La bendición de Shulgi)




Como si no hubiera roto un plato en la vida.
¿Se puede pedir más, chicos? ¿A que da bastante miedo una mujer tan…, tan… mujer?





3. El Espíritu de Lilith
«Siendo ésta una película cuya bella manufactura lírica está al servicio de un eminente discurso, se puede decir que estamos ante un retrato espeluznante de la destrucción del hombre por el hombre, o más bien del cerco que la sociedad impone a la libertad. Así, Lilith representa el sentimiento humano libre de ambages y complejos, el deseo en su forma más pura (que Lilith entrega a quien quiera cruzarse en su camino)…» (voz over)

(Es un placer haberles ofrecido en el punto anterior algunos de los, para mí, fotogramas más ilustrativos de estos pobres comentarios. Debo agradecer al blog Voiceover el descubrimiento de esta cinta, Lilith, de Robert Rossen. Tanto su director como su protagonista femenina, Jean Seberg, están absolutamente empapados del espíritu lilitiano. En cambio, Warren Beatty parece bastante perdido en su papel... aunque quizá sea un elemento realzador del contraste "de género" con su partenaire, absolutamente arrolladora en un personaje que, oscilando continuamente entre la enferma mental y la heroína trágica, nunca acaba de decantarse a sacarnos de la duda, al tiempo que nos va fascinando en su embrujo).

[Al "escultor cibernético" Gilles Tran no le pareció que la dimensión cultural de nuestro personaje quedase suficientemente patente (2º fotograma del punto anterior), y decidió crear su propia visión: encima de estas líneas tenemos un fragmento de Lilith de 2003, y bajo ellas, una panorámica de la obra]


Bueno, bien. ¿Pero de qué Lilith estamos hablando! Todavía no ha aparecido en escena. ¿Qué pasa con ella?
Sorpresa: Lilith es anterior a Inanna. E Inanna suplantó a Lilith. Mejor dicho, Inanna encarnó, corporeizó, humanizó a Lilith por vez primera en la historia mitológica, adaptando y adoptando sus misterios. A partir de ahí Sekhmet adaptaría a Inanna sin más preámbulos. Y ya, de igual manera, la púnica Tanit amalgamaría a la sumeria Inanna con la egipcia Sekhmet. Del mismo modo que las helénicas Hera, Atenea, Afrodita y Artemisa suplantaron y desguazaron a Inanna y Sekhmet. Dejemos que nos explique una experta en la materia cómo fue la transición:

«Tanto la alusión escrita como la representación iconográfica más antiguas de Lilit se remontan al dos mil a. C. en Mesopotamia, lugar en el que fue conocida como Lillake y como Lilitu, "demonio femenino o espíritu del viento". Esta deidad "… era la representación de una virgen de desolación, frígida, estéril, que vagaba de noche para atacar a los hombres como súcubo o bebiéndoles la sangre".
La tablilla XII, del Poema de Gilgamesh, cuenta la siguiente historia: Inanna, diosa sumeria de la juventud, del amor y de la fertilidad, sembró el árbol Huluppu, árbol seguramente ritual, y lo cuidó durante diez años. En un descuido…:

"Una serpiente anidó
en sus raíces.
Un pájaro crió sus polluelos
entre las ramas.
Una extraña llamada Lilith
vivía en su tronco"

Inanna recurrió a Gilgamesh, quien mató a la serpiente y derribó el árbol:

"El pájaro voló con sus crías a las montañas.
Lilith destruyó su casa y huyó aterrorizada
a un paraje deshabitado.
Entonces Gilgamesh talló con el tronco
un trono radiante y un lecho para Inanna."

La interpretación de este mito, indica que el culto a Inanna desalojó el de Lilith; es decir, los sumerios conquistaron a alguna tribu desconocida para nosotros cuya ritualidad se centraba en la devoción a Lilit, deidad de los tres planos del universo: el inframundo, como serpiente; la tierra, como mujer, y el cielo, como ave.
Una vez desterrada, Lilit sobrevivió de dos maneras, como deidad menor: demonio femenino, espíritu del inframundo relacionado con la oscuridad y con la hechicería, y en las características físicas de la propia Inanna, además de en sus atribuciones como deidad de la fertilidad, como Anat». (Rosa Mendoza Valencia: Lilith: el arriba y el abajo)

En definitiva, Inanna, a pesar de todo su descontrolado desparpajo resulta ser un personaje integrado y conservador en comparación con su antecesora, la ya entonces inmemorial e incontrolable aureola de Lilith (para comprender mejor este contexto histórico, véase Los Becerros de Oro). Tal ente femenino ancestral debió surgir, como todo, en las regiones centrales asiáticas, es decir, más al oeste de Sumeria, en el vivero cultural acunado-ahogado por las cuencas del Indo y el Ganges. Y sería la misma ensoñación que también daría lugar a otro prototipo no menos inasequible: la diosa Kali, cuyo  nombre parece ser una versión femenina del sánscrito 'kāla', oscuridad.


A propósito de Kali: Se ha encontrado en el enorme yacimiento arqueológico turco de Çatal Hüyük un curioso relieve que representa unos dulces pechos femeninos coronados por sendos ganchudos picos de buitre en lugar de pezones (imagen inferior).


Otro interesante detalle de género: existe gran controversia acerca de la función que desempeñarían las pequeñas figuras llamadas "venus" pétreas de hace 15 ó 20.000 años encontradas en diversas regiones europeas (debajo, izquierda)… pero lo que sí es cierto es que todas las figuras, y son más de 250, son femeninas… a excepción de una (izquierda), rectilínea, dotada de un pene… y de diversos agujeros como los que permiten articular los peleles de toda la vida.
Pero la antropología no descansa. Y es fundamental para nosotros la siguiente aportación de (relativamente) reciente aparición:


«La premisa para una interpretación científico-religiosa de estos objetos es la observación de que las denominadas culturas primitivas no conocen el arte sin una finalidad determinada...
Y aquí hay que mencionar como una conducta muy difundida y especialmente importante en relación con el estudio de la Prehistoria la denominada imposición fálica. El mostrar los genitales forma parte del repertorio comunicativo de los primates, incluso del hombre. Este gesto, que ha de ser interpretado como amenaza ritualizada de cubrición, también expresa una demostración inequívoca de la fuerza y la superioridad masculinas y, con ello, una pretensión de poder (basta pensar en el estuche para el pene de los papúa)...
Lo mismo ocurre cuando las señales no proceden de un ser vivo sino de un objeto artístico que sustituya a éste. En consecuencia, las esculturas fálicas, tan extendidas en el denominado arte primitivo sirven para rechazar y mantener a distancia las fuerzas malintencionadas. Tales estatuillas son utilizadas hasta hoy por las más diversas etnias como vigilantes de las lindes para documentar las reivindicaciones territoriales (imagen izquierda)...

En el repertorio de la conducta femenina también encontramos gestos equivalentes. La obscena exhibición de la vulva demuestra el dominio femenino y la pretensión de poder e inevitablemente hace que el observador se sienta amenazado y temeroso (derecha, insólita pero expresiva imagen de la magnífica presentadora deportiva Lara Álvarez, accesible libremente en internet). En contraste con este gesto agresivo, el mostrar el pecho femenino tiene un efecto claramente apaciguador.
Una reacción comparable la provocan unas exuberantes nalgas femeninas sugerentemente en pompa (véase al respecto la imagen que abre el punto siguiente, bajo estas líneas a la izquierda): entre los primates y, con ello, también entre los humanos, el ofrecimiento de la región anal se interpreta como una invitación al apareamiento y, al mismo tiempo, como un gesto de sumisión. De ahí que las figuritas femeninas muestren con frecuencia pechos, caderas y muslos exuberantes (imagen izquierda).

El recalcar estos distintivos femeninos no ha de entenderse, pues, como una alusión a la capacidad reproductora de la mujer, sino que más bien sirve para tranquilizar y calmar a las posibles fuerzas hostiles... aunque las figuras femeninas combinan a menudo gestos amenazadores con gestos aplacadores (véase la imagen centrada sobre estas líneas), para ahuyentar las fuerzas acechantes, por un lado, y para suavizarlas, por otro... Lo cierto es que la combinación de gestos de amenaza y signos aplacadores contribuye a una insuperable función protectora del objeto en cuestión» (Ina Wunn: Las religiones en la Prehistoria, Ed Akal, 2012, pp. 35-38)





Una de las fuentes utilizadas por Rosa Mendoza en párrafos anteriores es nuestro mitólogo de cabecera, Robert Graves (esta vez en colaboración con Raphael Patai), a quien hemos recurrido como de costumbre para asentar las transcripciones de Rosa:
«A "Lilit" se la hace derivar habitualmente de la palabra babilonia-asíria 'lilitú', ''demonio femenino, o espíritu del viento", uno de una tríada mencionada en los hechizos babilónicos. Pero aparece anteriormente como "Lillake" en una tableta sumeria del año 2000 a. de C. encontrada en Ur y que contiene la fábula de Gilgamesh y el sauce. En ella es una mujer diabólica que habita en el tronco de un sauce guardado por la diosa Inanna (Anat) en las orillas del Éufrates.
La etimología popular hebrea parece haber derivado "Lilit" de 'layu', noche, y en consecuencia aparece con frecuencia como un monstruo nocturno peludo, lo mismo que en el folklore árabe. Salomón sospechó que la Reina de Saba era Lilit, porque tenía piernas peludas… Según Isaías XXXIV.14-15 (única mención al tema que se les escapó a los doctos censores bíblicos), Lilit vive entre las ruinas desoladas del desierto edomita, donde le acompañan sátiros (se'ir), búfalos, pelícanos, búhos, chacales, avestruces, serpientes y cuervos…» (Los mitos hebreos).

(Bajo estas líneas, Theda Bara, la mayor vampiresa del cine mudo)





4. Lilith en el Paraíso de Adán
Y como nos ha gustado el tratamiento que Rosa Mendoza da al tema, totalmente encajado en nuestro relato, seguimos abusando de su generosidad:

« Durante su cautiverio en Babilonia, los hebreos adaptaron y adoptaron muchos de los mitos, creencias, tradiciones y leyendas sumerios, acadios y babilónicos entre ellos el de Lilit, a quien erigieron como personificación de la maldad femenina.
Según el mito hebreo, Dios creó a Lilit del mismo polvo que a Adán, aunque utilizó además sedimento [estiércol, por decirlo un poco menos finamente]. "Adán y Lilit nunca hallaron armonía juntos, pues cuando él deseaba yacer con ella, Lilit se sentía ofendida por la postura reclinada que él exigía [a la izquierda, una figurilla prehistórica muestra pedagógicamente cómo se hacen las cosas bien hechas]. '¿Por qué he de yacer debajo de ti? ―preguntaba― Yo también fui hecha con polvo y, por tanto, soy tu igual'. Como Adán trató de obligarla a obedecer, pronunció el nombre mágico de Dios, se elevó por los aires y lo abandonó".
Adán se quejó de la insubordinación y Jehová envió tres ángeles a buscarla. La encontraron en el Mar Rojo y le ordenaron que regresara, ella se negó argumentando que ya había tenido varias aventuras amorosas con hombres y demonios. A partir de entonces se convirtió en un caudal de males para el hombre [como ilustra la imagen inferior, de Nastassja Kinski en plan Lilith yacente, imaginada por Richard Avedon]». (Rosa Mendoza Valencia: Lilith: el arriba y el abajo).



Como decíamos en nuestra entrada sobre las creaciones del hombre, según algunas tradiciones, Caín y Abel no eran hijos de Eva sino de Lilith. Y ciertas sectas heréticas veneran a Caín como un Profeta. Le contemplan como una figura paralela a Prometeo porque representa la rebeldía del hombre frente a una obediencia ciega a la divinidad. La Biblia le acusa de ser el inventor de las ciudades, a las que los hebreos odiaban con todo su alma beduina, un pecado paralelo al de la manufactura prometeica del fuego, con el que los hombres podían habitar hogares, y con ellos, ciudades.

Y si releemos la Biblia, asentadamente y no como de costumbre, según el Génesis en particular, claro está, en su capítulo 2 a partir del versículo 18:

«Dijo asimismo el Señor Dios: No es bueno que el hombre esté solo: hagámosle ayuda y compañía semejante a él. Formado, pues, que hubo de la tierra todos los animales terrestres y todas las aves del cielo, los trajo a Adán, para que viese cómo los había de llamar… Llamó, pues, Adán por sus propios nombres a todos los animales, a todas las aves del cielo y a todas las bestias de la tierra: mas no se hallaba para Adán ayuda o compañero a él semejante. Por lo tanto, hizo caer sobre Adán un profundo sueño y etc., etc., etc.»

Es decir, como "no se hallaba para Adán ayuda o compañero a él semejante. Por lo tanto…" tuvo que recurrir al parche, a la chapuza, al bricolaje, a Eva.

Por otra parte ―y como cuenta al comienzo Rosa Mendoza―, la misma Biblia tiene bastante responsabilidad en las sospechas de ciertas gentes acerca de la existencia de una primera mujer anterior a Eva, es decir Lilith, por cuanto antes de esta curiosa búsqueda de pareja indiscriminada para Adán que acabamos de comentar, cuenta, concretamente en Génesis 1-27:

«Y creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, y los creó macho y hembra; y los bendijo Dios, diciéndoles: ''Procread y multiplicaos, y henchid la tierra; sometedla y dominad sobre los peces del mar y sobre las aves del cielo y...» cometed así todas esas barbaridades que llevarán a la extinción de sus especies, a la deforestación planetaria y a vuestra propia autodestrucción.


Miguel Ángel parece cobijar bajo la mismísima Capilla Sixtina las tradiciones prohibidas acerca de Lilith. La serpiente demoníaca no resulta particularmente repulsiva. Más bien se acerca a la imagen que hoy tenemos de las tentadoras sirenas con una cola mucho más práctica y mejor adaptada al medio ambiente hortofrutícola mediterráneo (aunque existe gente pesimista que opina que la sirena favorita real es la que pintó René Magritte con el título La Invención colectiva en 1934 --bajo estas líneas). Aquí a la derecha podemos observar a nuestra heroína tonteando discretamente con Adán mientras distrae a Eva (que está a por uvas) con la eterna manzana de la discordia. Todo un reality.



Una vez que nos hallamos de retorno ante las puertas del Paraíso, tras rebotar desde lo más lejos que las tablillas sumerias nos han permitido, hemos de reflexionar no sólo acerca de ciertos paralelismos sino acerca de sus correspondientes diferencias:

«El relato del Génesis sigue, en general, los modelos de los relatos mitológicos previos en Sumer y Babilonia, pero los invierte. Si bien todos los ingredientes (serpiente, mujer primitiva, Jardín del Edén, génesis de la procreación, y muerte) son similares, la visión general es completamente distinta. Las primeras mitologías de orientación femenina son plácidas y optimistas; no saben nada del Pecado Original, de la Caída o del Exilio…
Esta notable inversión del simbolismo es todavía más asombrosa si se tiene en cuenta el texto cuneiforme de Sumer (alrededor del año 2050) que describe a la diosa Inanna como más favorable, de manera natural, hacia el agricultor sedentario.
Pero es que los hebreos eran pastores nómadas y los cananeos agricultores: Caín, el agricultor orientado de manera matriarcal, está condenado en relación a Abel, el pastor de tipo patriarcal… Y el Árbol de la Vida y el Árbol del Conocimiento (que se hace inaccesible al hombre), disociados en la Creación de Yahvé Todopoderoso, son el mismo árbol en las mitologías anteriores». (Amaury de Riencourt: La mujer y el poder en la Historia).


(Foto superior, el Árbol de la Vida situado en… el Disney Animal Kingdom Park. Disneyland es a lo más que llega nuestra fantasía mitológica actual. Derecha, El Origen del Mal, de Algenpfleger. Izquierda, la más desgarradora Expulsión del Paraíso, la de Masaccio)



Volvamos a Samuel N. Kramer y extendámonos un poco más en cuanto a paralelismos y diferencias, porque enseguida nos encontraremos con una sorpresa:

«Un buen ejemplo de los paralelismos entre la creación sumeria y la hebrea es el poema sumerio Enki y Ninhursag… o poema de Dilmun (una "tierra de los vivientes" donde no se conoce ni la enfermedad ni la muerte), mito del paraíso que no trata de seres humanos sino de dioses.
En este paraíso de los dioses, Ninhursag, la gran diosa-madre de los sumerios (probablemente en su origen la Madre Tierra), hace brotar ocho plantas, aunque sólo después de un complicado proceso en el que han intervenido tres generaciones de diosas, todas ellas engendradas por Enki, el dios del agua… Pero Enki deseaba probar las plantas, y una tras otra procede a comérselas. Esto hace que Ninhursag monte en cólera y lo maldiga con la muerte; y desapareciendo a continuación, abandona a los dioses.
En consecuencia, la salud de Enki comienza a declinar; ocho órganos del cuerpo sucumben a la enfermedad. Impotente, Enlil, dios del aire y soberano de los dioses sumerios, mediante el envío de una zorra logra convencer y hacer volver a Ninhursag, la cual, después de preguntarle cuáles son los ocho órganos de su cuerpo que le hacen sufrir, crea ocho divinidades para curar cada una de las ocho enfermedades. De este modo, Enki recobra la vida y la salud».

Y ahora viene la sorpresa: Aparte de otros evidentes paralelismos sumerio-hebraicos entre Dilmun y el Edén, y centrándonos en lo nuestro…:
« ¿Por qué el narrador bíblico consideró más apropiado elegir una costilla, y no cualquier otro órgano del cuerpo, para dar forma a la mujer cuyo nombre, Eva, significa aproximadamente, según la Biblia, "la que da la vida"?
En nuestro poema una de las partes enfermas del cuerpo de Enki es precisamente una costilla, cuya palabra sumeria es 'ti'. La diosa creada para curar esa costilla se llama Nin-ti, "la dama de la costilla". Pero el vocablo sumerio 'ti' significa igualmente "hacer vivir", por lo que Nin-ti también significa "la dama que hace vivir"…
Y es este retruécano, uno de los primeros que tenemos constancia, el que pasó a la historia bíblica del paraíso perpetuándose en ella, por más que en hebreo costilla y vida no tengan nada en común» (Samuel Noah Kramer: La historia empieza en Sumer).
¡Mira por donde aparece la dichosa costilla de nuestros pecados! Sin embargo, a las autoridades eclesiásticas todavía una simple costilla les parecía un lujo. También había que sacarle punta a la cosa y rizar el rizo rizado:

«Y se debe observar que se dio un defecto en la formación de la mujer, puesto que fue formada de una costilla curva, es decir, de una costilla del pecho, que está doblada como en dirección contraria a la del hombre. Y puesto que debido a este defecto es un animal imperfecto, siempre engaña» (Heinrich Kramer - Jacob Sprenger: Malleus Maleficarum).

Mejor nos hubiera ido, o quizá peor, con otros supuestos anatómicos bastante ingeniosos como el que especula, por ejemplo, que de fábrica Adán tenía cola, como cualquier animal (que dice la ranchera), y que fue ese hueso, el del rabo, el que empleó Yahvé, en vez de la costilla:

«Algunos dicen que Dios creó a Eva, no con una costilla de Adán, sino con una cola que terminaba en púa y que formaba parte de su cuerpo. Dios la cortó y el muñón —ahora el coxis inútil— siguen llevándolo los descendientes de Adán» (Génesis Rabínico)

Tal leyenda es recogida y comentada por Graves y Patai:
«La creación de Eva con la cola de Adán es un mito todavía más perjudicial, tal vez sugerido por el nacimiento de un niño con el vestigio de una cola en vez de un coxis, lo que no es infrecuente.
La creación de Eva por Dios con la costilla de Adán —mito que establece la supremacía masculina y oculta la divinidad de Eva— carece de análoga en el mito del Mediterráneo o del Medio Oriente primitivo.
La fábula tal vez se deriva iconotrópicamente de un relieve o una pintura antigua donde aparecía la diosa desnuda Anat suspendida en el aire observando a su amante Mot dando muerte a su mellizo Alíyan; Mot (confundido por el mitógrafo con Yahvéh) introducía una daga curva bajo la quinta costilla de Aliyan y no le quitaba la sexta. Apoya la fábula conocida un oculto retruécano con tsela, la palabra hebrea que significa "costilla”. Eva, aunque destinada a ser la compañera de Adán, demostró que era una tsela, un "obstáculo" o "infortunio"». (Los mitos hebreos)

Estamos encantados de haber podido ofrecer una segunda versión de la curiosa historia de la costilla, sobre todo por proceder ambas explicaciones de dos verdaderas autoridades en su género.


« ¿Qué podemos sacar en claro acerca de este mito? En primer lugar, que Lilith no fue humana, como Adán, sino una diosa que aparece en mitos hebreos cuya anécdota relata acontecimientos anteriores a la creación del primer hombre. Para Robert Graves y Raphael Patai, "Lilit representa a las mujeres cananeas que adoraban a Inanna a las que se permitía una promiscuidad prenupcial (o incluso es una representación de la propia Inanna).
Los profetas censuraron a las mujeres israelitas en repetidas ocasiones por seguir las prácticas cananeas". En esta cita es evidente el enfrentamiento no sólo entre dos naciones, sino entre dos sistemas: el matriarcal y el patriarcal. Este último resultó triunfante y las deidades femeninas se subordinaron a la preeminencia de las masculinas o fueron condenadas al olvido o convertidas en la parte más oscura y más maligna de la religión.

En segundo lugar, estamos ante una deidad que incluso podría ser superior en conocimiento y poder al mismo Jehová, pues es capaz de pronunciar el nombre oculto del Dios hebreo (según idealización en imagen sobre estas líneas). Recordemos que el nombre mágico contiene la esencia del individuo, y quien lo pronuncia se convierte en poseedor no sólo de la voluntad sino del espíritu del nombrado. Y Lilit podía hacerlo con Jehová, lo que tal vez no ocurría a la inversa.
Por último, en la relación sexual, sabedora de su superioridad, Lilit se niega a ocupar una posición de sometimiento ante Adán. Pero no sólo eso, cuando Dios envía a los ángeles, negocia con ellos y se rebela al poder divino. A partir de ese momento es una deidad libre, sin yugos de ninguna especie. No obstante, el poder patriarcal no lo puede permitir, pues sentaría precedentes extraordinariamente negativos entre las mujeres. Es así como empieza a tejerse su leyenda negra…». (Rosa Mendoza Valencia: Lilith: el arriba y el abajo).



« Es en la noche cuando el “poder malvado” hallándose suplantado por el “poder benéfico”, ronda por el mundo acompañado por de sus muchos ejércitos y legiones; acecha en todos los lugares donde la gente hace su relación conyugal inmoderadamente y a la luz de la vela y con el resultado de que los niños nacen de tal relación son epilépticos. Se hallan poseídos de espíritus de ese “poder malvado” que son los espíritus llamados demonios (Schedim); éstos son perseguidos y matados por el demonio Lilit» (Zohar)



(Una auténtica y real mujer fatal, que debió frustrar cualquier intento de descripción, fue June Mansfield -no confundir con la cremosa y flamante Jane Mansfield-, la esposa del escritor Henry Miller a quien casi vuelve majareta y cuya creatividad giró alrededor de ella (imagen izquierda, June, con la típica carita de hambre que suelen tener las chicas en estas tesituras).

El mismo tropiezo y la misma sublimación terapéutico-literaria tuvo Anaïs Nin, que formó con ambos un triángulo de morbo, amistad y exploración hasta el sexo y más allá.

Derecha, un fotograma de Henry y June, donde esta queda bien caracterizada por Uma Thurman)





5. Lilith y los griegos
«De igual modo que Yahvéh castiga a Eva por haber causado la caída del Hombre, también los griegos hicieron a la mujer responsable de la felicidad del hombre adoptando la fábula de Hesíodo acerca de la caja de Pandora, de la que la tonta esposa de un Titán dejó escapar los males combinados de la enfermedad, la vejez y el vicio. Se debe observar que Pandora —"todos los dones"— fue en un tiempo un título de la Creadora. Uno de los temas principales del mito griego es la reducción gradual de las mujeres de seres sagrados a enseres» (Robert Graves y Raphael Patai: Los mitos hebreos)

La última versión integral de Lilith se refugió en Cartago como protectora de la ciudad y diosa madrina del espíritu fenicio que los cartagineses trasplantaron al área mediterránea. Y su culto se asentó muy especialmente en la zona que más tarde empezaría llamándose Hispania, y su zona insular, y que no sabemos muy bien cómo demonios acabará denominándose. A esta diosa hoy se la recuerda como Tanit, aunque se supone que por entonces, a lo largo del primer milenio anterior a nuestra Era, se pronunciaría más bien Tinit.
Tanit representa el crepúsculo clásico de Lilith, y tras la debacle de las Guerras Púnicas acabaría encontrando refugio político en Ibiza y el Levante hispano como cualquier jubilado con posibles.


Entre la abundante iconografía existente nos decantamos por la que muestra Wikipedia (derecha) pues es la que mejor conserva la carga de las civilizaciones anteriores. En la web de Es Culleram se dice que «era una divinidad de carácter astral, representada por el creciente lunar, asociada al dios de la agricultura (Ball Hammón), por ello regía los ciclos de la naturaleza y, por tanto, la fertilidad de la tierra, pero también de los animales y de las personas. Tenía igualmente un carácter de diosa ctónica, del subsuelo, y por tanto del infierno, la salud y la muerte, por lo que era protectora de los difuntos. Mientras que su asociación con el león, influencia de la diosa egipcia Sehmet le confería un carácter guerrero casi inédito en la época»… que es más o menos tal y como hemos descrito hasta ahora la exuberante personalidad de la sumeria Inanna. Sólo introduciremos un leve matiz aclaratorio en la última frase, transformándola en "un carácter guerrero ya casi extinto en la época".

Pero por más que nominalmente conservase los antiguos atributos de la abuela Lilith, Tanit, ¡ay…!, ya era una diosa consorte más (el nombre de la mismísima Inanna ya significaba ''la amada de An'', el Cielo). Los griegos, avispados discípulos de los fenicios, rematarían la jugada arrinconando a toda mujer que se obstinase en la descabellada manía de ser libre, forzándola a adentrarse en el único campo posible de subsistencia física, el de la prostitución. Una actividad esta que los fenicios fueron los primeros en externalizar (hasta entonces se había ejercido, exclusiva y honrosamente, por las abnegadas sacerdotisas de los templos lunares -y por el resto de las mujeres, que tenían el piadoso deber de ejercerla en ellos una sola vez en la vida antes del matrimonio-, constituyendo el principal rito mágico destinado a crear comunicar y extender la fertilidad a cosechas, ganados y tribus: una especie de "fuente" de estímulo dirigida a animar a los Genios de la Naturaleza por imitación) y en privatizar el ejercicio de "la" profesión -palabra construída alrededor de la fe que forma el núcleo de profesar- en régimen de franquicia con desmedido afan recaudatorio, que se dice ahora: no es cierto que la prostitución sea la profesión más antigua del mundo: el más vetusto oficio es el de ladrón.

(Izquierda superior, Venus restaurada, de Man Ray. Izquierda, Pandora, de John William Waterhouse)

«Y así, tras haber desempeñado el principal papel en el terreno económico y religioso en la Prehistoria, al producirse la evolución de la familia matriarcal a la patriarcal, surgió una nueva profesión femenina, como consecuencia de su pérdida de poder: la prostitución. Surgió justo cuando el varón se vinculó a su pareja y familia y se encargó del sustento. Y a la par las mujeres perdieron el derecho a ejercer otras profesiones con las que autosostenerse. Y así la prostitución era la única que podía ejercer en esas condiciones». (Los mitos hebreos).

La mitología vendría rápidamente a substanciar el evento, adaptando toda la misoginia legendaria enviada desde cualquier coordenada por el viento del Este: «El comentarista san Jerónimo, del siglo IV, identificó a Lilit con la griega Lamia, una reina libia abandonada por Zeus y a la que su esposa Hera le robó los hijos. Se vengó robando los de otras mujeres. Las Lamias, que seducían a los hombres dormidos, chupaban su sangre y comían su carne, como hacían Lilit y sus compañeras demoníacas, eran conocidas también con el nombre de Empusas, "forzadoras", o Mormolyceia, "lobas espantosas", y se las describía como "Hijas de Hécate".

En un relieve helénico aparece una Lamia desnuda montada a horcajadas en un viajero dormido de espaldas. Es característico de las civilizaciones en las que se trata a las mujeres como bienes muebles, que deban adoptar la postura recostada durante el coito, a lo que se negó Lilit. Las hechiceras griegas que adoraban a Hécate eran partidarias de colocarse encima, según sabemos por Apuleyo; y así se ve en las primitivas representaciones sumerias del acto sexual, aunque no en las hititas». (Robert Graves y Raphael Patai: Los mitos hebreos).


"En esta nueva era patriarcal, la mitología, aquella mitología que había prevalecido en los antiguos tiempos de la Gran Madre, fue ahuyentada por un nuevo proceso de pensamiento masculino, no mítico, que se apoyaba de modo creciente en el racionalismo y la lógica: era el logos contra el mithos, el pensamiento abstracto masculino contra el sentimiento concreto de lo femenino, el pensamiento consciente en lugar de la construcción inconsciente de mitos. La religión se hizo ética y los mitos fueron remodelados en forma de parábolas..." (Amaury de Riencourt: La mujer y el poder en la Historia)



Cuando al principio esquematizamos el argumento de La Flauta Mágica de Mozart, vimos cómo Pamino era salvado de la serpiente-dragón por la Reina, y cómo acaba quedándose con la mano y con todo lo demás gracias a su boda con Tamina. Así fue como el patriarcado se acabó institucionalizando: mediante la instauración del matrimonio. No por brusca intrusión, sino por traicionero maridaje con culturas matrilineales arcaicas, más sabias aunque menos fuertes (a propósito de Pamino: no sabemos ni de dónde ni a qué aparece en la historia; según cuenta él mismo, es un príncipe extranjero, es decir, un invasor… aparte de un galán un tanto pánfilo e insulso él ―claro que, el único galán mozartiano al que el autor trata con un poco de respeto es a Don Juan... quizá porque un donjuan sea más bien un antigalán, un... "vampireso"―. Es natural, pues, que tan amenazador intruso fuera perseguido por la serpiente-dragón, un bicho tan tradicionalmente guardián protector de las mitologías matriarcales como tradicional enemigo ponzoñoso de las patriarcales).

(Sobre y bajo estas líneas, sendos fotogramas de La Flauta Mágica (1991, Metropolitan Opera House, N.Y.) representando la muerte, a manos de la devaluada triple diosa lunar, de su antiguo dragón-serpiente protector; y maridaje del invasor con la heredera, oficiado por el nuevo dios patriarcal solar... que previamente a su vez había alcanzado su estatus mediante maridaje con la ahora destronada Reina de la Noche)


Francisca Martín Cano-Abreu tiene unas iluminadoras páginas al respecto de estas infiltraciones patriarcales, a partir de un curioso asunto con nombre (engañoso) de novela de Almudena Grandes: la lengua de la Gorgona.


La última de las mujeres fatales griegas es ya helenística, y fue una princesa persa de la satrapía de Bactriana llamada Roxana. Nada más contemplarla Alejandro Magno bailando en un banquete quedó perdidamente enamorado de su sensibilidad inteligencia y cultura, como suele suceder con tantas mujeres fatales a su pesar, víctimas de su tan deseado éxito sexual. La fatalidad a Alejandro se le vino encima por su olímpica cabezonada de casarse con ella en serio y sin necesidad alguna: estaba completamente bajo su poder absoluto como conquistador de Persia.


No disponemos de ninguna imagen de Roxana (lo cual sorprende dado que era considerada la mayor belleza de Asia y vivió lo suficiente como para llenar una galería: esta circunstancia ha permitido que la imagen que la posteridad conserve de ella sea... la de la esposa de Michael Caine, según explicaremos algo más abajo: ¡los caminos de la posteridad son verdaderamente insondables!). Sólo queda una copia romana, siglo I, de la que se admite como contemporánea recreación de las bodas de Alejandro y Roxana, casi 400 años antes, supuestamente del pintor Etión, (las denominadas Bodas aldobrandinas, sobre estas líneas).
Si fuese realmente cierta tal atribución, llama la atención el aire lúgubre de la ceremonia, con una consternada y encogida novia envuelta en un atavío nupcial que toma aires de sudario, y un novio caracterizado de Dionisos/Baco, es decir, borracho como una cuba, espatarrado a los pies del lecho nupcial.

Se consumó así una ceremonia que si ya por sí sola suele acarrear dramáticas consecuencias, en su caso tuvo el efecto nada secundario de granjearle a Alejandro la inquina de sus muy griegos soldados que, como es sabido, sentían un profundo desprecio por el mestizaje (cosa muy distinta de la sexualidad desgarrada violenta o consentida con esclavas y capturas del botín, en la que no se engendraban más que esclavos sin alma... y resultaba que similar a esa era la situación de Roxana, a pesar de su alcurnia).
Perdió así para sus tropas aquella divinidad tan merecida hasta allí, generándose a partir de entonces un descontento que acabaría en desastre generalizado.



(Pero pertenece a la mitología de Kipling conocido hoy por las versiones cinematográficas animadas de sus novelas y por su hermoso poema If, (Si...), y a su sublimación fílmica por Huston, la imagen que hoy conservamos de Roxana: Hablamos de El hombre que pudo reinar, en cuyo relato un aventurero inglés del s.XIX que pudo heredar el trono y las riquezas de Alejandro (conservados desde entonces en un remoto monasterio budista del Kafiristán) perdió vida y trono entre los ariscos dientes de una salvaje belleza (izquierda, Shakira Baksh, esposa de Michael Caine) fugazmente entrevista a la que Danny (Sean Connery) tuvo  el superfluo capricho de desposar; derecha, el fatídico momento de la boda)





«Carmen Elías es la encargada de dar vida a Prometeo, un exigente papel en el que la catalana debe representar todos los tormentos que padece tras el castigo de Zeus…: "Aunque sea una obra dura, es muy enriquecedora mentalmente. Los espectadores van a descubrir un mito fundamental y a darse cuenta de lo poquito que hemos evolucionado en todo este tiempo los seres humanos. Seguimos sintiendo y padeciendo como en la antigua Grecia"». (José Luis Romo: elmundo.es, 14-diciembre-2010)

… Tan poquito hemos evolucionado, que más de 2.500 años más tarde las mujeres siguen vistiendo los castradores mitos patriarcales griegos como su reivindicación más progresista: (Prometeo | Teatro Valle Inclán (Plaza de Lavapiés, s/n) | Directora: Carmen Portaceli
Intérpretes: Carmen Elías, David Bages y Gabriela Flores, entre otros | En cartel del 10 de diciembre 2010 al 16 de enero 2011). [Imagen bajo estas líneas]


«Lo mejor, si una mujer ha de vivir con nosotros, es que la fortuna nos favorezca dándonos una compañera inepta y sencilla. Aborrezco a la sabia. Que no albergue un mismo lecho a la que sepa más que yo, y más de lo que conviene a una mujer. Porque Afrodita hace a las doctas más depravadas, y la sencilla, por sus cortos alcances, está libre de deshonestidad» (Eurípides: Hipólito)



6. Lilith y las chicas de hoy
«El 'anima' no es siempre sólo el mero aspecto femenino del hombre individual. Tiene un aspecto arquetípico ―"el eterno femenino"― que encarna una experiencia de la mujer muy superior a la del individuo en sí. Esta 'anima' se refleja, desde luego, en la mitología y en la leyenda. Puede ser una sirena o una ninfa del bosque, Gracia o la hija de Erlking, lamia o súcubo, que engaña a los hombres jóvenes y les extrae la vida» (Carl G. Jung: La integración de la personalidad)

Vampiresa: dícese de aquella mujer que aprovecha su capacidad de seducción amorosa para lucrarse a costa de aquellos a quienes seduce.

Según la Enciclopedia Británica, Lilith es un "demonio femenino del folklore judío equivalente al vampiro inglés".

«Vampiresa: Mujer de gran atractivo, coqueta y casquivana.
El término fue incorporado al cine como herencia del romanticismo italiano. Theda Bara, en EE.UU., y Musidora en Francia, fueron sus primeras representantes. Alcanzó su apogeo con las divas italianas (Pina Menichelli, Almirante Manzini, Francesca Bertini…). El advenimiento del cine sonoro liquidó la exacerbación expresiva en que se basaba su tipología, perdiendo su fatalidad barroca y ganando sensualismo y humanidad (Greta Garbo, Marlene Dietrich). Marilyn Monroe disolvió la imagen tradicional de la vamp en personajes tan llenos de fragilidad y desamparo como ella misma». (Diccionario Salvat Universal).

(Rodeando estas líneas, Marilyn, de John Vachon, Madonna, de Steven Meisel, y Twiggy, de Cecil Beaton. Encima, carátula de un disco del grupo musical Lilith)

Dejémoslo aquí porque todo eso se acabó. Adiós a todo eso. Fin de época. Fin de fiesta. Fin de la mugre.
Las actuales chicas góticas de hoy asumen y reivindican a Lilith. E incluso a las Lamias las Empusas y hasta a las Gorgonas. Se acabaron las Esfinges y hasta las Sirenas. Y abajo también las morbosas Vampiresas con sus tétricos velos, que simulando ocultar nocturnas promesas no hacen sino esconder funerarias decepciones. Y las Lolitas, esas cutres calientabraguetas a base de halagar las fantasías rastreras del macho reprimido mediante indumentarias de niña tonta y cara de niña lista, y a la inversa. Se cierra el corral, conejitas de Playboy.

Libres por gusto y necesidad de libertad. Hasta la autodestrucción si preciso fuera.
Así son nuestras chicas de hoy.


«El hecho de que la mujer moderna se encuentre frustrada al verse compelida a elegir entre ser una Atenea ―una intelectual asexuada―, una Afrodita ―un frívolo objeto sexual― o una respetable esposa y madre como Hera, muestra que las diosas griegas fueron arquetipos de la existencia femenina. Si las características de las diosas principales hubieran sido combinadas, podría haber surgido un ser completo con un ilimitado potencial de desarrollo ―una mujer equivalente a Zeus o a Apolo…
Una mujer totalmente realizada tiende a engendrar ansiedad en el macho inseguro. Incapaz de competir con una multiplicidad de poderes condensados en una sola mujer, el hombre, desde la antigüedad al presente, ha visto a la mujer sólo en uno u otro papel… tal dispersión de papeles es la apropiada para una sociedad patriarcal». (Sarah B. Pomeroy: Diosas, rameras, esposas y esclavas)





«En la tarde proscrita,
la penumbra de mi encolerizada cabellera
—como magma o demencia o llamarada—
eriza rebeliones primitivas en el profundo abismo de mis ojos.
En la tarde proscrita,
mi locura,
enfrentando excluyentes reglamentos que me niegan posturas, actitudes,
en mitad de batallas a destajo bajo lo laberintos del insomnio…»








Sed buenos si podéis...
………………………. Pero seremos mejores si no olvidamos que «La ignorancia es el infierno» (Amalric de Bène)







No hay comentarios:

Mis amables compañías:

Presentación

Mi foto
Esta aventura es una exploración de las venas vivas que parten del pasado y siguen regando para bien y para mal el cuerpo presente de esta sociedad occidental... además de una actividad de egoísmo constructivo: la mejor manera de aprender es enseñar... porque aprender vigoriza el cerebro... y porque ambas cosas ayudan a mantenerse en pie y recto. Todo es interesante. La vida, además de una tómbola, es una red que todo lo conecta. Cualquier nudo de la malla ayuda a comprender todo el conjunto. Desde luego, no pretende ser un archivo exhaustivo de cada tema, sólo de aquellos de sus aspectos más relevantes por su influencia en que seamos como somos y no de otra manera entre las infinitas posibles. (En un comentario al blog "Mujeres de Roma" expresé la satisfacción de encontrar, casi por azar, un rincón donde se respiraba el oxígeno del interés por nuestros antecedentes. Dedico este blog a todos sus participantes en general y a Isabel Barceló en particular).